
Tradición y magia
A 110 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, nos encontramos con San Antonio de Areco. Hay dos versiones respecto a su nombre. La relacionada con un militar de apellido "Areco" que combatió con los indios de la zona a comienzos del siglo XVII.
Según el historiador lugareño José C. Burgueño una especie de palma llamada "areca" que crecÃa a orillas del rÃo, utilizada por los indios serÃa el orÃgen de su nombre. En 1914, una gran invasión de los indios hizo que los lugareños devotos de San Antonio prometieran fundar una capilla, a modo de ruego para que cesen los malones.
Entre 1720 y 1728 se construyó la primera capilla. Estaba emplazada en el mismo lugar que la actual. Constituyó el único templo existente en todo el pago de Areco y se lo conoció como la Capilla de San Antonio.
El partido de San Antonio de Areco se localiza al noreste de la provincia de Buenos Aires. Limita al norte con Zárate, al noreste con Exaltación de la Cruz, al noroeste con Baradero, al sur con Carmen de Areco, al sureste con San Andrés de Giles y al suroeste con Capitán Sarmiento. La cabecera del partido es la ciudad de San Antonio de Areco ubicada aproximadamente a 59° 4’ de longitud oeste, y a 34° 8’ de latitud sur.
La Tradición y la Historia se conjugan en los pagos de Areco para la génesis del DÃa de la Tradición. Una trayectoria cuyo punto de partida fue en 1926 cuando, ya aparecido “Don Segundo Sombra”, en la estancia ” La Porteña” se celebra el libro con una fiesta que reúne a paisanos, vecinos del lugar y turistas.
San Antonio de Areco se destaca también por la calidad de sus artesanos. Las disciplinas mas nobles del trabajo manual están presentes en Areco deslumbrando a todos los visitantes. En sus talleres los artesanos exponen piezas realizadas en platerÃa civil y criolla, herrerÃa, cerámica, telar criollo, tejedurÃa, soguerÃa, trabajos en cuero crudo, estribos criollos, carpinterÃa colonial, aspa y pintura. Conocerlos es una cita obligada para quien recorra las calles de Areco.
Tiene muchos y atractivos lugares para recorrer, andar, visitar, encantarse y deslumbrarse:
El “Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes”, el “Puente Viejo” y su amplia zona ribereña, el Parque San MartÃn, el Museo de la Ciudad, las iglesias de San Antonio de Padua, y de San Patricio, el casco histórico, las plazas Arellano, Belgrano y Gómez entre otros. Cada esquina, cada calle nos muestra una placa, o una moldura que llamara nuestra atención. Por su aire nostálgico, Areco básicamente es un pueblo para descubrir caminando.
Pero lo que el visitante podrá palpar con mayor intensidad es la Tradición de nuestro pueblo. Sus hombres y mujeres con sus usos y costumbres heredados algunos desde la época de la colonia. Una cultura y una forma de vida de la que sus habitantes se sienten honrados y hacen gala de ellas con humilde orgullo.
Areco por adopción
Hace 20 años, desde el aeródromo de General Rodriguez partimos hacia Areco. Aterrizamos y decidimos almorzar en el pueblo. En la búsqueda, observando cada detalle de la arquitectura, los movimientos de su gente, mujeres baldeando las veredas y el encanto del silencio. Un "click", una sensación extraña de arraigo a lo desconocido. FotografÃas nÃtidas de calles, adobe, vegetación, estilos coloniales, miradas, homogéneos saludos con los brazos, mas el susurro de la caÃda de agua de la represa "flasheaban" en mi memoria con tal intensidad que, cuando el silencio del motor del ultraliviano, me enteré por mi copiloto que habÃamos experimentado violentas turbulencias.
Areco se convirtió en "mi lugar" con la misma fuerza que mi pueblo natal. A medida que se incrementa el turismo local e internacional, me siento un lugareño visitando, mateando y disfrutando de asados exclusivos con el pueblo. La fiesta de la tradición, del pueblo, las vivo con ellos con la misma mirada hacia el turista.
Escritos, composiciones musicales y las reflexiones más profundas sobre mi vida se originaron en Areco. En ocasiones, visito a San Antonio para rogar por el bien de nuestro paÃs, la vorágine de ruÃdos y agresiones, el cemento y el plástico de la ciudad tal como lo hicieron los lugareños en 1914 para que cesen los malones. Hace unos dÃas lo hice para que terminen los hechos de violencia y que ilumine al pueblo argentino para las elecciones legislativas venideras.
Abrumado por mis propias exigencias, estresado y ansioso, partÃa hacia Areco de madrugada, una necesidad cuasi adictiva. Algo me estaba pasando y no sabÃa qué. Entre visitas, mateadas y comidas con los mÃos de siempre, me dirigà hacia la represa y me recosté, como de costumbre, en el borde de la escalera que linda con el rÃo Areco.
Como indica la flecha, en la fotografÃa, muy pocos se percataron que se amolda perfectamente al cuerpo para reposar, apreciar la vegetación y escuchar el sonido placentero de la caÃda de agua.
En esta ocasión, observé detenidamente el comportamiento del rÃo buscando su curso para fusionarse con sus laderas naturales. Lo notaba furioso. El sonido lo percibÃa como un rugido, un reto. El remolino que se forma después de atravesar la represa giraba vertiginosamente como un cÃrculo vicioso. Amagaba, pero sin llegar a desbordar. Más de una hora decodificando su mensaje. Me sentÃa totalmente identificado por la impecable descripción de mi estado. ¿Entonces?. Más tiempo esperando ansioso hasta que desborde porque creÃa que esa era la conclusión.
Agotado, sin darme cuenta ya asomaba la madrugada. Me levanté de la "reposera" y bordeando la orilla caminaba, sigilosamente, sin perder de vista al remolino que me acariciaba con su brisa cómplice.
En la retirada, un fuerte trinar de pájaros desvió mi atención, mi rumbo, hasta volver hacia el rÃo. AhÃ, silencioso y hospitalario, rozando suavemente sus laderas naturales. Me senté en la orilla y experimentaba un alivio increÃble. A pocos metros, el vicioso torbellino descargaba suavemente las aguas en ese preciso lugar, sin desbordes, encontrando la calma; su sabio mensaje final.
Agradezco a la Dirección de Turismo de San Antonio de Areco por enviarme material y, especialmente, a su gente, que siempre me ha acompañado en todo momento.
Pedro Miguel Garassino
pedro.garassino@gmail.com






