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Según la psiquiatra Martha Rondon relación madre - hija es de competencia ya que la hija admira a la madre pero a la vez desea tener al padre.
En esta etapa, el vÃnculo con los padres ya de por sà se tiñe de competencia y desafÃo. Pero qué sucede cuando del otro lado nos encontramos con estas madres que quieren parecerse a sus hijas. “En el proceso personal que la adolescencia inaugura, los temas más importantes son la identidad, el lugar en el mundo y en este sentido el cuerpo ocupa un lugar central, más aún en el caso de las mujeres: los cambios que iniciaron en la pubertad continúan desafiando a la adolescente en su permanente adaptación, sumado al interés puesto en las miradas de los otros.”, explica la psicóloga Marisa Russomando, especialista en maternidad y crianza y directora de La Cigüeña. La relación madre - hija suele pasar por perÃodos crÃticos de amor odio, ambivalencia caracterÃstica también de esta etapa del desarrollo. “Suele suceder que en este ensayo la adolescente se mire en el espejo materno, encontrando información acerca de este rol: lo femenino. Llega la hora de prestar ropa, maquillaje pero también de crÃticas hacia el look de la madre.
Según las caracterÃsticas de madre e hija la competencia puede tomar lugar dÃa a dÃa, exacerbado por la exigencia estética de la actualidad en la que mujeres adultas luchan por no envejecer, logrando una actitud general más cercana a la de su hija que a sus coetáneas”, explica Russomando.
La relación entre madre e hija siempre ha caminado en la cuerda floja, lo que empieza con el instinto de procrear, se puede convertir en toda una relación de competencia que circula entre el amor y el odio.
La rivalidad de las madres con sus hijas es un problema muy común en la actualidad, que cada vez toma más fuerza. y todo esto según los especialistas surge por diferentes factores, entre ellos está:
- el inicio de la menopausia, que representa en la mujer el fin de su vida reproductiva y a su vez del erotismo y el deseo.
- el divorcio y la viudez que son procesos sumamente dolorosos, que afectan todas las áreas de la vida, dejando sentimientos de soledad, tristeza y abandono.
- los hogares donde falta una figura paterna, que sepa ejercer su rol calmando los ánimos.
- y las mujeres amas de casa, que nunca tuvieron un desarrollo profesional o laboral, cuyo atrayente es el erótico, y sienten que están siendo desplazadas por sus hijas en este factor.
Todas estas razones no son más, que la no aceptación de la pérdida de la juventud, esa dificultad de admitir el paso de los años, acomodándose a otra realidad y a otra etapa de la vida. este un punto clave que salta a la vista de las madres cuando sus hijas empiezan a entrar en la adolescencia, contemplando el paso del tiempo y ante este cambio empezando a parecerse más a ellas.
Principalmente buscando detener la llegada de la vejes, las mujeres acuden a recursos como usar la misma ropa, jerga y amistades de su hija, hacer dietas excesivas o sometiéndose a cirugÃas plásticas, modalidad muy recurrida actualmente para lograr una figura juvenil, sintiéndose aun deseadas.
Estas mujeres padecen una sobre estimación de la juventud y del aspecto corporal, una madre rival dificultosamente reconoce los esfuerzos y las virtudes de su hija, a menos que aprecie que están allà para servirle. Siendo ellas las causantes del conflicto familiar, ya que siempre la competencia surge del lado de las progenitoras.
Las hijas en cambio no rivalizan, sus reacciones son descalificar u ofender. Viéndose afectadas al sentir el abandono y la frustración de no tener una madre sino al parecer una hermana mayor, sentimiento que desencadena rabia oculta y muchas veces inconsciente, dificultando aún más la relación de las ambas.
Para los psicólogos estas actitudes están lejos de ser solo complicidad entre madre e hija, visto que sus consecuencias traen el deterioro de la relación e interrupción de la comunicación familiar.
Los padres deben tener la madurez emocional para respetar y apoyar las etapas de la vida de su hija, evitando la rivalidad entre la madre y ella, en cambio construyendo relaciones sanas, solidas, amorosas y respetuosas que se mantengan a través de la vida, en un proceso de enriquecimiento mutuo.
En ocasiones, podemos observar que madres separadas se "refugian" en entornos adolescentes o juveniles de sus hijas para eludir su situación emocional; soledad, miedo a nuevos vÃnculos maduros o a sostener una nueva relación. En estos casos, se suele experimentar una confusión de roles. Un argumento verdadero pero engañoso es no exponer a las hijas a ser vÃctimas de la inseguridad de la calle. Entonces, es mejor, permitir que se hagan reuniones en la casa. A veces, con abuso de alcohol o mantienen relaciones sexuales sin tapujos. "Prefiero que lo hagan acá y no en cualquier otro lugar" es una frase muy común, una vez resignadas en lo procesos de negociación con las "niñas". Sin embargo, a algunas madres "les conviene", todo cierra!.... Tienen a sus hijas en su casa a cualquier costo, ellas se oxigenan con aires de juventud, se diverten, no están solas, y hasta se mimetizan para "integrarse" al grupo.
Es la madre quien debe dar ejemplo a su hija, aceptar su rol, reconociendo que ninguna etapa de la vida es mejor que otra, solamente es diferente y consecuentemente tendrá las satisfacciones y obligaciones que cada etapa impone si sabe disfrutar todas ellas.
Fuentes: Martha Rondon (Psiquiatra), Marisa Russomando (Psicóloga), NTN24, Lic. Pedro Garassino (Psicólogo Social e individual sistémico)






