
Desde hace años se está comprobando, cada vez con más estudios cientÃficos, que el sentido del humor y la risa pueden beneficiar la salud, tanto fÃsicamente como psÃquicamente. Parece cierto que el buen humor actúa como una válvula de escape y de seguridad en nuestro psiquismo. Nos libera de tensiones, neutraliza las preocupaciones, nos relaja y nos permite olvidar temporalmente los problemas.
Quizás el sentido del humor y la risa pueden ser una puerta más fácil que otras para comenzar a desarrollar las emociones positivas. Un psicoterapeuta no deberÃa minusvalorar el efecto curativo que puede tener la risa. Hasta hace poco se ha banalizado esta propiedad terapéutica de la risa, considerándola incluso algo superficial. Hay que superar prejuicios y valorar todo lo positivo que puede aportar la risoterapia.
El sentido del humor no es algo simple, al contrario, es un proceso emocional-cognitivo de gran complejidad. Implica tener una actitud lúdica y optimista en la vida, que facilita el ver los problemas con otro prisma más positivo y mantener unas expectativas constructivas cara al futuro. Hay personas con más aptitud que otras respecto al sentido del humor, pero en algún grado todos podemos aprender a desarrollar este muy sano rasgo de la personalidad. Es conveniente diferenciar entre el humor positivo y el humor agresivo comenta Antonio Adserá Bertran es psicólogo, colegiado número 15297 del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña. Cursó sus estudios en la Universidad de Barcelona, delegación de Tarragona. Ha realizado un Master Universitario en Neurociencias por la Universidad de Barcelona.
No todo el humor es beneficioso, aquel que es hostil, que busca la burla, el sarcasmo, el insulto, etc. no es beneficioso, perjudica tanto a la misma persona que lo hace como a los demás. Nuestras actitudes, pensamientos, acciones y palabras son un reflejo de como nos vemos a nosotros mismos. El “humor” hostil y negativista es sÃntoma de una baja autoestima por parte de quien lo ejercita. No solo muestra una muy baja autoestima, sino también una muy escasa empatÃa y asertividad. Las personas hostiles, ya sea de acción o de palabra, son individuos que no saben defender apropiadamente y con dignidad sus derechos y tratan de escapar de esta minusvalÃa agrediendo a los demás.
Solo el estilo humorÃstico positivo, con crÃtica constructiva, encaminado a hacer ver las contradicciones del mundo que nos rodea, a facilitar la risa, pero con respeto hacia uno mismo y hacia los demás, solo este tipo de humor sano consigue generar beneficios psicológicos, que además de mejorar la salud mental también refuerza las relaciones interpersonales y sociales. Las personas de humor hostil generan resentimiento, porque ellas mismas son una fuente de resentimiento. Son individuos GMR, es decir, “Generadores de Mal Rollo”. Las personas de humor positivo son, en cambio, transmisoras de energÃa positiva.
Según Joan Montané Lozola (Barcelona) - quien no se ha preguntado alguna vez porque unas personas son felices y otras no lo son. Por lo general ciertos aspectos externos a los que concedemos importancia no suelen ser muy determinantes en una hipotética escala de felicidad. Casi me atreverÃa a decir que quien es feliz, básicamente, es porque quiere serlo. La felicidad es una actitud, una predisposición, una forma optimista de ver la vida. En definitiva, es un sentimiento que surge del interior de cada persona, y de no ser asÃ, por más que lo rodeemos de componentes materiales, la felicidad no aparecerá.
Un elemento esencial para estar bien con uno mismo, y por supuesto con los demás, es el sentido del humor. Ver la parte divertida que rodea cualquier circunstancia es una manera de desdramatizar situaciones que, de otro modo, podrÃan ser más penosas. Tan pronto como alguien es capaz de reÃrse de uno mismo y de los problemas que le acucian, comprobará que dichos problemas ejercen mucho menos poder sobre él. Y lo que es más importante; él ejercerá mucho más poder sobre los problemas, lo que a fin de cuentas es lo que nos interesa cuando nos enfrentamos a cualquier contingencia.
Se podrÃa argüir que lo anteriormente dicho sólo son palabras y que es muy fácil hablar o escribir cuando a uno no le afectan los problemas. Pues sÃ; la verdad es que es más fácil, para qué decir lo contrario. Pero también es verdad que a todos nos afectan o han afectado diversos problemas. Sin ir más lejos yo sufrà en mi infancia y durante diez años abusos sexuales por parte de mi padre. Probablemente habrá gente que lo habrá pasado peor, no lo niego, pero cuanto menos me siento legitimado para escribir lo que escribo. Y también puedo decir que el humor es una de las cosas que más me ha ayudado. A veces incluso tengo que controlarme. Hace años puse en marcha un foro para las personas que pasaron por este hecho traumático en su niñez, razón por lo que estoy en permanente contacto con muchos de ellos. En ocasiones estoy a punto de soltar alguna ocurrencia sobre este asunto, pero casi siempre me reprimo porque, aunque sea entre “nosotros”, la sensibilidad sigue estando a flor de piel para la mayorÃa. Es perfectamente comprensible, lo cual no quita que siga pensando que el humor casi siempre es la mejor opción. Es algo asà como la grasa que permite que funcione mucho mejor nuestro mecanismo existencial.
El otro dÃa observé una caja de ropa que mi mujer habÃa puesto sobre el armario. Ordenada como es ella le puso una etiqueta: “ropa para el invierno”. Y claro, donde los demás no ven nada yo veo una ocasión para hacer de las mÃas; asà que no se me ocurrió otra cosa que escribir en un recorte de papel adhesivo la letra “f” y pegarla encima de la “v” de invierno. Aún me estoy riendo. Otras veces le digo que el gato no se mueve, y ella, con sorna, me dice que estoy acariciando el bolso.
Cuando cedemos a las limitaciones, que al fin y al cabo nos imponemos nosotros mismos, y creemos que muchas puertas no se nos abrirán, nos estamos cerrando los caminos hacia la felicidad, hacia nuestra autoestima, hacia lo que realmente queremos ser. Cuando nos enfrentamos con humor, haciendo lo que pensamos, lo que sentimos, sin que nos importe el resultado hasta el punto de determinar nuestro éxito, sin condicionarnos por opiniones externas, entonces estamos en sintonÃa con nosotros mismos. La felicidad no es más que tratar de ser lo que somos.
La psicologÃa del humor en la vida
- El humor es beneficioso para la vida.
- Es el camino más directo para alcanzar el bienestar emocional.
- Alivia el estrés y la frustración.
- El humor nos hace más flexibles y creativos.
- La risa libera endorfinas y nos relaja.
- El humor es la mejor forma de conectar con "el otro".
- Tomarás mejores decisiones si incorporas el humor a tu vida.
- Empieza por reÃrte de ti mismo.
- Mediante el humor te distanciarás de los problemas.
- El humor cura.
- El humor es el mejor arma de seducción.
- Permite que los lazos personales sean más profundos.
- UtilÃzalo en las discusiones de pareja.
La risoterapia es una técnica muy extendida actualmente entre las grandes empresa, que organizan talleres para provocar la risa y asà libertar estrés y ansiedad. El humor es un sigo de inteligencia y además es también un sÃntoma de buena salud y equilibrio emocional.
La vida humana constituye una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan, por eso sólo las personas con sentido del humor poseen tanta sensibilidad como lucidez. El humor convierte a la vida en una tragedia casi bufa y en una comedia casi melancólica.
El peso indestructible de nuestra infancia, aunque sepultada bajo ese cúmulo de cosas que los años han ido depositando encima: frustraciones, represiones, inhibiciones, desengaños, y tantos revoques sucesivos de falso embellecimiento, eufemismos, explicaciones convencionales, códigos de interpretación, todo cuanto constituye el lastre especÃfico de los adultos, es innegable.
A pesar de ello, la niñez subsiste en el fondo del hombre y de vez en cuando da sÃntomas de vida: una repentina nostalgia, un amor sin cálculos, la fulgurante adivinación de que todo es un juego, el aprecio instintivo de la bondad o el perdón, cierta forma desmañada de pecar, un acto de plena confianza en alguien, una momentánea suspensión del raciocinio.
El dÃa en que uno aprende a perdonarse y a reÃrse de sà mismo acaba reconciliándose con ese niño. Ha llegado ya a la etapa de la niñez, que no es la primera de la vida, sino la última.
Según Nietzsche, el desarrollo humano pasa por tres etapas: camello, león y niño. Primero, el hombre soporta como un camello la carga de la ley impuesta por otros, cuando madura interiormente, logra sacudirse ese fardo y se convierte en ley para sà mismo, de la dependencia pasa a la autonomÃa. Se ha hecho león. Pero tiene que dar otro paso, sufrir un nuevo cambio. Éste se producirá en el momento en que desaparezca su necesidad de autoafirmarse, de demostrarse a sà mismo que es libre y, sencilla y despreocupadamente, disfrute su libertad. Quien pasó del "tú debes" al "yo quiero", ha de pasar luego del "yo quiero" al "yo soy". Es la etapa final de la vida, esa última madurez, que, por descontado, nunca se experimenta como madurez, sino, al contrario, como ingravidez.
Las personas que no son capaces de reÃrse de sà mismas son profundamente desgraciadas, porque no pueden permitirse el placer de ser indulgentes consigo mismas. El niño que llevan dentro está maniatado, amordazado, temblando. El tiránico superego ocupa toda su alma y los territorios vecinos. Se avergonzarÃan mucho si les viéramos enternecerse, llorar, jugar con un tren eléctrico o leer un cómic. Por miedo al ridÃculo, adoptan una seriedad excesiva que les convierte ineludiblemente en personas ridÃculas. Todos sabemos que nuestro peor enemigo no siempre es el tirano que está enfrente. Existe otro dictador más peligroso, porque se halla oculto dentro de nosotros mismos, tan interiorizado y asimilado ya, que lo consideramos un colaborador más que un opresor. Todos tendemos a justificar esta autocensura, a interpretarla como control, como conciencia ordenada, cuando en verdad es un engaño, una abdicación ante ese poder difuso y represivo que gravita sobre nosotros, imponiéndonos una percepción del mundo, originando muchas restricciones mentales, obligándonos a vivir dentro del territorio acotado que es el orden convencional.
¿Por qué toleramos a este tirano? Porque por encima de todo preferimos la seguridad, porque, pese a todo lo que se diga, el hombre no ama la libertad, sólo juguetea con ella, permitiéndose algún encuentro furtivo con ella. La libertad nos asusta, sabemos el riesgo que implica exponerse a ella: derriba las barreras del espÃritu, amplÃa nuestro universo, destruye nuestras defensas lógicas, obliga a replantearse todas las convicciones, nos deja a la intemperie. Sabemos que su acción es saludable, pero peligrosa.
Contra la vida, la mejor defensa es el humor. Quien posee sentido del humor sabe que es hombre y que nada humano le es ajeno. Siempre estará dispuesto a excusar los aspectos negativos del prójimo porque en ellos contempla los suyos propios.
El humor sirve para hacer más llevadera la seriedad de la vida. El humor sirve para desenmascarar ese cÃrculo vicioso en que se desenvuelve nuestra existencia, esa profunda inutilidad de lo útil.
Una persona que sonrÃe mucho aparenta menos años de los que tiene, a pesar de que una sonrisa amplia provoca la aparición de arrugas, sostiene la doctora Emma Dólzhikova, experta en medicina estética y directora general del Instituto ruso de Belleza.
"Si una persona sonrÃe mucho, hace trabajar los correspondientes músculos faciales. Es precisamente por eso por lo que se le notan más algunas arrugas, como los pliegues nasolabiales", indicó Dólzhikova en declaraciones a RIA Novosti con motivo del DÃa Mundial de la Sonrisa que este año se celebra el 1 de octubre.
No obstante, según la doctora, sonreÃr mucho hace que los defectos de la cara sean menos visibles y que se aparente menos edad de la que se tiene.
"Porque en este caso es la sonrisa lo que salta a la vista en primer lugar", explicó.
Por su parte, el psicoterapeuta KonstantÃn Oljovói está convencido de que una sonrisa es la mejor forma de atraer la atención de los demás.
"El problema está en que la gente tiene miedo de sonreÃr, por si alguien piensa algo que no es, si uno es tonto o necesita algo", señaló el médico.
Mientras tanto, si una persona va por la calle sonriendo, el 80% de la gente lo acoge de buen grado, y la mitad de ellos hasta responde con una sonrisa, subrayó.
"Cuando una persona sonrÃe, cuando intenta sentirse feliz de verdad, el impacto del estrés disminuye y el cuerpo funciona sin cargas adicionales, por consiguiente, la vida se alarga y mejora su calidad", resumió Oljovói. La doctora Dólzhikova compartió la opinión de su colega, recordando que sonreÃr estimula la secreción de las hormonas de la felicidad.
"SonreÃr y alegrarse alarga la vida, ya que, como se sabe hace tiempo, el cuerpo de una persona que sonrÃe produce hormonas de la felicidad", concluyó la médica.
El DÃa de la Sonrisa se celebra desde 1999 el primer viernes de octubre. Fue una idea del artista estadounidense, Harvey Ball, creador de la famoso "solecito sonriente" caritas, emoticono o smiley, gracioso elemento tan común en los mensajes de telefonÃa móvil y correo instantáneo de Internet.
Considerado fundador de la corporación mundial de la sonrisa, el padre del smiley querÃa dedicar esta festividad al buen humor.
Ball, quien falleció en 2001, propuso esta fiesta en señal de protesta a la comercialización desproporcionada del espacio cibernético de Internet y el dinero que se recauda por la utilización de su smiley ingresa a un fondo dedicado a obras de beneficencia.
"Cariño, sigo siendo el jefe pero tú tomarás todas las decisiones". Woody Allen.
Marina Vidal






