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Domingo 20 de mayo de 2012
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Home Sociedad Relaciones interpersonales El arte de conectarse con el otro

El arte de conectarse con el otro

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Podemos  considerar  la seducción  como  un  conjunto  de  expresiones  y manifestaciones,  aspectos  psicofísicos  y comportamentales,  que emanan de la forma de ser de la personas (nadie da lo que no tiene), con el fin de conseguir una interacción con los otros. Todas las personas pueden ser seductoras, deseamos gustar a los demás, ser queridas y reconocidas, ser valoradas, como padre o madre, como profesional, como amiga o amigo.

Para seducir empleamos el arte de sugerir, mostrar o insinuar, para ello utilizamos miradas, palabras que acarician, silencios persuasivos, gestos y contactos oculares, etc.

Como vemos la seducción tiene un carácter universal, seducir está inscrito en la naturaleza humana y sus señales son instintivas, además de poder moldearlas y modelarlas a través del aprendizaje.  El proceso de la seducción es una forma de llamar la atención, una disposición que activa la conducta y promueve actitudes para conectarse con el otro desde uno mismo a través de la comunicación verbal y no verbal.

Seducción y autoestima

La autoestima  está en directa relación con el proceso de la seducción  y los aspectos implicados  en el mismo. Si tenemos una buena autoestima nos consideraremos capaces de actuar ante cualquier situación, ya que la confianza en nosotros mismos nos permitirá ser resistentes a las críticas, al rechazo o al fracaso.

Por ello, en el proceso  de la seducción,  el miedo a lo que piensen  o a como reaccionen  los otros ante nuestro comportamiento seductor, pierde cierta importancia.

La persona con alta autoestima atribuye los fracasos o los rechazos en la seducción a varias causas externas y los logros a causas más internas, obedeciendo a la sólida confianza en uno mismo.

Una percepción positiva de uno mismo permitirá valorar nuestras cualidades, así como conocer y aceptar nuestros límites,  conociendo  hasta dónde podemos  llegar y cómo actuar en la seducción.  Todo ello nos movilizará,  en la confianza  y  la  seguridad,  hacia  el  camino  de  la  seducción,  buscando  la  compenetración,   la  reciprocidad  de perspectivas respecto al otro, la comprensión entre el yo y el tú.

Algunas personas se sienten confusas en su vida, en sus deseos, en su identidad, están excesivamente preocupadas por gustar y agradar a los demás, por cumplir sus expectativas, y pierden el contacto con ellas mismas, con su yo. Estas personas  pueden ejercer la seducción  para encubrir necesidades  afectivas.  La necesidad  de ser amadas o aceptadas  les llevará a seducir esperando  el reconocimiento  del otro, no necesariamente  seducirán mostrando  su realidad  de  necesidad  afectiva,  de  reconocimiento  y aceptación,  sino  que  probablemente  se  presentarán  como autosuficientes.  En estos casos podríamos  decir que la persona  tendrá una débil autoestima,  ya que necesita  la aceptación, el reconocimiento y la afectividad del otro para valorarse y desarrollar un buen concepto de sí misma, que generalmente se resquebraja a lo largo del proceso vital

La intencionalidad de la seducción

La seducción supone la intencionalidad de generar interés por lo implícito, una forma de comportarse para conseguir una respuesta de los otros, de recoger en lo imaginario lo que deseo en la realidad influenciando con habilidad en otra persona con algún propósito.

El proceso de la seducción implica una serie de comportamientos que configuran una estrategia de intencionalidad, un conjunto de interacciones  interpersonales  con una intencionalidad  implícita. Se ofrecen procedimientos  sutiles para manifestar disponibilidad en el ámbito de la vida en que se de la seducción.

Por ello intentamos distinguir diferentes componentes de la seducción:

- Dirección: la seducción se dirige hacia una meta, conforma un objetivo hacia el que dirigimos nuestro comportamiento y nuestra conducta.
- Sentido: se dan ciertos comportamientos implicados que nos llevan a seducir o a no seducir.

- Secuencia: se da un proceso entre lo que deseamos, nuestra intencionalidad y los comportamientos que llevamos a cabo en la seducción.

- Motivación: la necesidad o el impulso que nos lleva seducir en busca de nuestro objetivo.

En la seducción queda implícito el deseo de gustar al otro, mostrando nuestro mejor perfil, mostrando nuestro yo, lo que supone la seducción autentica y genuina, en la que nuestro comportamiento antes y tras conseguir el objetivo, tras llevar a cabo nuestra  intencionalidad,  será el mismo y corresponde  con nuestra  personalidad,  nuestro  carácter  y nuestro ser; pero puede darse también la seducción con intencionalidad manipuladora., en la que nuestro yo imaginario es el que intenta justificarse  y gustarse. Este tipo de seducción supone la expresión de perfiles diferentes de uno mismo con el objetivo de seducir, cambiando, posteriormente, las actitudes.

La persona que utiliza una seducción manipuladora  no se mostrará con su propio yo, sino que simulará o utilizará registros que no pertenecen a su verdadera naturaleza. Utilizará gestos, palabras que harán prever a la persona seducida una situación futura que, posteriormente,  no se dará ya que el que utiliza la seducción manipuladora,  tras conseguir lo que espera y desea cambiará su comportamiento y su actitud seductora, y todo ello supone la ruptura de las expectativas  formuladas  por la persona  seducida.  Deberíamos  destacar  que se trata de un tipo de seducción basada en el engaño y en la búsqueda de satisfacción de las necesidades e intereses del propio yo.

Fenómenos cognitivos implicados en la seducción

En el proceso de la seducción están implicados diferentes fenómenos cognitivos como son nuestros valores, percepciones, atribuciones y expectativas.

Con ello nuestra  interpretación  juega un papel muy importante,  ya que a través  de la misma,  la seducción  será entendida y codificada de diferente forma, lo que puede desencadenar en percepciones o atribuciones erróneas. La interpretación  es llevada a cabo tanto por la persona  que seduce, en tanto en cuanto antes de iniciar la fase de seducción,  la persona  comienza  a descifrar  y procesar  la información  que percibe de la persona  a la que quiere seducir, y según el análisis hecho comenzará o no el proceso de seducción; y por la persona seducida, ya que ésta también interpretará la realidad, la comunicación verbal y no verbal, implicada en la seducción. Así, la interpretación distorsionada del proceso conllevará un comportamiento de acuerdo a la percepción de la misma.

Los usos y significados que cada persona da a la seducción son bien distintos, siendo de gran importancia o influencia los aspectos biográficos de la misma. Actúa nuestra experiencia pasada, las vivencias anteriores son clasificadas y acumuladas  en  nuestra  memoria,  es  decir,  alegrías,  logros,  fracasos,  etc.,  resultado  de  procesos  de  seducción pasados, lo que condicionará nuestras expectativas futuras. Esto es, se ven implicados los tres haces de temporalidad (pasado, presente y futuro) en la medida en que el pasado marca nuestra interpretación y nuestra forma de seducir en el presente y nuestras expectativas respecto a la misma en el futuro.

La  ejecución  voluntaria  y  planificada  de  la  seducción  requiere  de  percepción,  recepción  e  interpretación  de  la información que tenemos del otro, respecto a su personalidad, sus valores, para posteriormente iniciar el contacto o el acto de comunicación que implica el proceso de seducción. Este proceso se pone en marcha para producir un cambio afectivo en el otro, en el que están implícitos todos los recursos físicos, psíquicos y emocionales de la persona, y a través de los cuales se movilizan sentimientos, pensamientos, emociones, motivaciones y deseos.

La comunicación no verbal en la seducción

La mayoría de las veces el comportamiento seductor pasa desapercibido por la persona que lo realiza. En gran medida se emplea el comportamiento  no verbal, siendo éste una conducta  a la que no prestamos  demasiada  atención al llevarla  a cabo  o al percibirla  del otro,  y siendo  a la vez la comunicación  de mayor  importancia.  En torno  a la comunicación no verbal podemos señalar diferentes respuestas producidas en el cuerpo en el proceso de la seducción como el brillo en la mirada, la dilatación de la pupila, la piel coloreada, el enderezamiento  del cuerpo, incluso puede cambiar el olor corporal y la textura del pelo. Todos estos gestos y signos suelen producirse inconscientemente.

Es preciso señalar que existen diferencias según el género, es decir, una mujer probablemente se atusará el cabello, cruzará las piernas, enseñará las palmas de las manos o ladeará la cabeza al intentar seducir, mientras que el hombre mostrará su masculinidad poniéndose erguido, con agresividad en sus gestos y dureza en sus ademanes.

La comunicación  ocular es uno de los principales signos en la seducción. Al igual que existen diferentes formas de seducir, también se pueden utilizar distintos contactos oculares. Así existen personas que adoptarán una mirada fija y sostenida para seducir a otra persona, o por el contrario una mirada baja y con actitud tímida. También la dirección de la mirada es signo de seducción, pudiéndose dirigir a los ojos, de arriba abajo del cuerpo, a una parte en concreto del cuerpo.

El tacto, el gusto y el olfato también están implícitos en la seducción, así como los movimientos corporales, por ello es importante aprender a interpretar la comunicación implicada en el proceso de seducción, en donde el aprendizaje de la comunicación no verbal tal vez sea el más importante.

En la medida en que vayamos  logrando descifrar nuestro propio comportamiento,  iremos conociendo  intenciones, motivos y deseos.

Conclusión

Consideramos  que la seducción  implica  la manifestación  de nuestra  intimidad  ya que representa  un conjunto  de manifestaciones   y  expresiones   del  yo,  una  serie  de  actos  expresivos,   comunicativos   y  relacionales,   cuya intencionalidad  es interactuar  con los otros.  Se trata,  pues,  de una comunicación  auto  reveladora  en la que se exteriorizan  aspectos  de uno mismo,  como  son: pensamientos,  sentimientos,  emociones  y deseos,  poniendo  en evidencia del otro la disposición activa de los mismos. Por ello el proceso de seducción puede darse en cualquier ámbito de la vida, entre los miembros de una pareja, entre terapeuta y paciente, entre docente y alumno, en reuniones sociales, etc., sin que su manifestación conlleve, obligatoriamente, una connotación sexual.

A la hora de seducir  es necesario  conocerse uno mismo,  con las aptitudes  y limitaciones  de nuestro  propio  yo, reflexionando  sobre la propia seducción,  sin frenarla, sino encauzándola  como un proceso más del hecho de ser persona.

 

Miriam del Campo Yecora Psicóloga Bilbao, España

 

 
 
 
 

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